Evaluación docente: una oportunidad de apoyo a la escuela

lunes, mayo 19, 2014

 

En nuestro espacio de opinión destacamos la columna de Mario Uribe, director del área de gestión y liderazgo del Centro de Innovación en Educación (CIE) de la Fundación Chile. “Los resultados de las evaluaciones que se aplican en Chile, cuya confiabilidad no se pone en duda, no se conectan necesariamente con programas de apoyo y mejora de capacidades en docentes”, señala Mario Uribe en el portal Educarchile.cl Revise la publicación aquí: http://www.educarchile.cl/ech/pro/app/detalle?id=225256

Evaluación docente: una oportunidad de apoyo a la escuela

Mario Uribe. Director del área de gestión y liderazgo del Centro de Innovación en Educación (CIE) de la Fundación Chile

Uno de los momentos de más alto impacto en la dinámica del aprendizaje se da cuando un profesor, luego de una evaluación individual o colectiva, retroalimenta a sus estudiantes. Este acto que parece simple, explica de manera relevante la diferencia en el nivel de aprendizaje que se alcanza y permite abrir conversaciones sobre oportunidades de mejora en futuras experiecias educativas. La retroalimentación es un mecanismo poderoso para alcanzar el objetivo que se busca, tanto a nivel de aula como de sistemas educativos en su conjunto (Carnoy, 2010; Hattie,2011).

Recientemente, se realizó el seminario “Desafíos para la evaluación, perfeccionamiento y carrera docente” (MIDE-UC), cuyo principal objetivo fue difundir masivamente la evaluación y retroalimentación que el Estado de Chile recibió de la OCDE en relación a la Evaluación Docente, que dicho sea de paso, se aplica hace más de una década en Chile, lo que es todo un hito en la región.

Como es predecible, en un informe de este tipo se reconocen avances y debilidades, pero lo fundamental son los temas y oportunidades de mejora que se abren. En lo sustantivo, el informe evidencia que el sistema chileno ha logrado construir buenos instrumentos de evaluación e instituciones con altas capacidades para utilizarlos a gran escala y que los profesores chilenos han incoporado en su cultura profesional la realización de evaluaciones de su desempeño, algo que no es común en muchos países. En contrario, la principal debilidad se encuentra no en el ámbito técnico, sino en el campo de la política educativa y tiene que ver con el sentido y uso de los resultados. ¿Cuánto se utilizan o sirven sus resultados para mejorar la práctica docente en la sala de clases?, ¿cuánto le sirven estos resultados a los directivos para impulsar procesos de cambio y mejorar en sus escuelas? Estas preguntas se pueden, para el caso chileno, aplicar a otras mediciones nacionales y también nos inivitan a pensar en el sentido más profundo de las evaluaciones, si se aplican con un sentido de rendición de cuentas o bien como herramientas para orientar el fortalecimiento de capacidades, en los profesores por ejemplo.

En esto, el informe parece ser categórico: los resultados de las evaluaciones que se aplican en Chile, cuya confiabilidad no se pone en duda, no se conectan necesarimente con programas de apoyo y mejora de capacidades en docentes, no son técnicamente utilizados en la escuela para impulsar un trabajo colaborativo entre profesores con fines de mejorar sus prácticas e la sala de clases y no son fuente recurrente de información para la gestión y uso pedagógico de los directores. Todo lo anterior no tiene que ver con que no se vea una oportunidad de desarrollo profesional en la evaluación, o no sea posible mejorar los instrumentos, tiene que ver con el criterio político de su uso. Si proyectamos esta discusión ocurre lo mismo con el SIMCE y otros mecanismos, como las visitas inspectivas a las escuelas: hay una diferencia sustantiva entre que su objetivo sea finalmente segmentar, clasificar o sancionar (sólo rendir cuentas). La instalación de un criterio de evaluación para la orientación y la mejora en un escenario equilibrado, implicará que a partir de la información obtenida por esta u otras mediciones, se construirán políticas de apoyo a las escuelas y sostendores, respetando su contexto local; se trabajarán planes para mejorar las capacidades de los profesores en servicio; se capacitará a los directivos para utilizar estos resultados fortaleciendo su liderazgo pedagógico, por mencionar sólo a algunos de los actores más relvantes.

El buen uso de este informe y sus recomendaciones puede hacer una diferencia sustantiva en temas hoy muy relevantes en la agenda chilena, como son el desarrollo profesional docente y la manera de entender a futuro una medición más integral de los procesos de mejora y calidad en nuestras escuelas. Nuestro trabajo en terreno con cientos de escuelas, sostendores, directivos y profesores, nos da la convicción de que el siguiente paso es avanzar a un nuevo concepto amplio de calidad que haga sentido en estos actores, e implicará una revisión profunda de los actuales significados.

El informe presentado nos brinda una oportunidad de mejora. Ahora dependerá de la institucionalidad (MINEDUC, Agencia de Calidad) y los otros actores relevantes, que son muchos y variados, la manera en que aprovechamos el momento, aprendemos y avanzamos a partir de nuestra propia experiencia como país.

escrito en: MideUC Opina |