Evaluación docente: propósitos, desafíos y algunos aprendizajes a partir de la experiencia en Chile

jueves, marzo 19, 2015

 Docentemás es un programa orientado a promover el desarrollo profesional de los profesores a partir de las fortalezas y debilidades en su desempeño. Su directora explica los propósitos sumativos y formativos, así como los alcances y desafíos de este proyecto que lo convierten en una oportunidad de aprendizaje frente a los retos de la formación continua de México.

Yulan Sun, directora del Proyecto Docentemás en MIDE UC. Fuente: Edición de marzo-junio 2015 de la revista Gaceta del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, México.

_MG_4430Identificar a los profesores más y menos efectivos

Durante los últimos años se ha instalado la convicción de que la calidad de la docencia es crucial para mejorar la educación. Es unánimemente reconocido que los profeso­res son el factor más importante entre los del nivel escuela que determinan los resultados del aprendizaje y de los más susceptibles de modificación. La conocida sentencia del in­forme McKinsey (2007) lo resume bien: “La calidad de un sistema educativo tiene como techo la calidad de sus do­centes” (Barber & Mourshed, 2008) (figura 1).

La atención se ha centrado gradualmente en cómo iden­tificar a los profesores más y menos efectivos, adquiriendo la evaluación docente un perfil prominente dentro de la in­vestigación y las políticas educacionales. Así lo evidencia la profusión de seminarios, publicaciones y estudios durante la última década y el desarrollo de nuevos programas de evaluación de profesores tanto en el mundo anglosajón (es­pecialmente Estados Unidos) como en Latinoamérica (Co­lombia, Chile, México y Perú, por ejemplo).

Ha recaído sobre estos programas una variedad no siempre clara de expectativas y propósitos. Para algunos, la evaluación docente es fundamentalmente una herramienta de responsabilización, un mecanismo de garantía de cali­dad, que debe proveer la base para tomar medidas que se estiman necesarias y que a veces han sido eludidas, como alejar del aula a los profesores que no logran demostrar las competencias o resultados mínimos aceptables, o asignar incentivos económicos a aquellos que demuestran ser al­tamente efectivos. Otros sostienen que la evaluación debe tener un propósito eminentemente formativo y de mejora­miento. Sus métodos deberían promover la reflexión y la buena práctica pedagógica, y sus resultados retroalimentar a los docentes y otros actores, como los formadores de pro­fesores y los directivos de escuelas, dándoles información y herramientas para mejorar.

Cada postura guarda más afinidad con ciertos instru­mentos de evaluación: la medición de resultados de los alumnos a través de pruebas estandarizadas, y ojalá usando modelos de Valor Agregado, en el primer caso; la obser­vación de aula y la valoración de artefactos de enseñanza y portafolios, en el segundo. Sobre este punto, hay mucho consenso en que el uso de múltiples instrumentos y fuentes es lo más recomendable, pues contribuye a alcanzar juicios más confiables y certeros (Bill and Melinda Gates Founda­tion, 2013).

Respecto de los propósitos de la evaluación, la discusión es más compleja. Parece difícil que un mismo sistema pue­da satisfacer bien objetivos sumativos y formativos, pero la combinación de ambos resulta lo más factible –y a veces ineludible– en el contexto de sistemas escolares que aún hacen su camino hacia la calidad y equidad educacional. En ellos conviven la necesidad de apoyar la formación y el desarrollo profesional de los maestros con una fuerte pre­sión por mejorar los resultados. Además, es frecuente que no existan condiciones como para que las escuelas imple­menten sistemas de diagnóstico y mejora de la enseñanza en forma autónoma. Son generalmente las autoridades na­cionales quienes toman la responsabilidad de implementar sistemas de evaluación de profesores, desplegando para ello grandes esfuerzos políticos, económicos, técnicos y lo­gísticos. Éste fue el caso de Chile.

En el año 2002, Chile comenzó a implementar la Asig­nación de Excelencia Pedagógica (www.aep.mineduc.cl), un programa voluntario de certificación de profesores, se­guido al año siguiente por el Sistema de Evaluación del De­sempeño Profesional Docente, conocido como Docentemás (www.docentemas.cl), evaluación nacional obligatoria para todos los maestros de aula de escuelas municipales.

El programa Docentemás planteó desde su origen una combinación de propósitos sumativos y formativos (Ávalos y Assael, 2006). Por un lado, señala como prin­cipal objetivo promover el desarrollo profesional de los docentes a partir de identificar las fortalezas y debilida­des de su desempeño; y, por otro, se basa en criterios o estándares explícitos, el Marco para la Buena Enseñanza (Ministerio de Educación, 2004); además, emplea múlti­ples instrumentos: autoevaluación, entrevista por un par, informes de directivos y un portafolio estructurado que incluye evidencias escritas y la grabación de una clase. Al mismo tiempo, la evaluación posee consecuencias de alto impacto: conduce al despido de un profesor si demuestra un desempeño por debajo de lo aceptable en evaluaciones sucesivas, y permite a aquellos con buen resultado obte­ner incentivos económicos si superan satisfactoriamente una prueba de conocimientos.

Docentemás: Sistema de Evaluación del Desempeño Profesional Docente

Los casi doce años de historia del programa Docentemás lo convierten en una oportunidad de aprendizaje. La ley que establece sus características básicas y obligatoriedad ha ga­rantizado su permanencia y con ello la posibilidad de me­jorar progresivamente el proceso a la luz de la experiencia adquirida. Así, en el marco de las restricciones legales, el programa ha experimentado un desarrollo interesante en aspectos como la construcción de sus instrumentos, los procedimientos aplicados (por ejemplo, para la selección y capacitación de los evaluadores) y los informes de resulta­dos, entre otros.

Se han introducido cambios en las normas que rigen la evaluación y en sus consecuencias y, sobre el programa mismo, o utilizando la evidencia que éste recoge —espe­cialmente las grabaciones de clase—, se han llevado a cabo numerosas investigaciones (Manzi, González y Sun, 2011). Además, se ha desarrollado una robusta agenda de inves­tigación que ha abordado, entre otros, la validez conse­cuencial del programa y las características técnicas de sus instrumentos y procesos de corrección (Taut y Sun, 2014). Los estudios realizados demuestran, por ejemplo, que los resultados de la evaluación, y especialmente del portafo­lio, se vinculan a los de los alumnos y que este instrumento goza de validez aparente (face validity) entre los maestros, que en su mayoría lo consideran un medio apropiado para reflejar sus prácticas pedagógicas.

No obstante estos logros, el programa todavía enfrenta desafíos en cuanto a su aporte a la mejora de la enseñanza.

Un nuevo componente de evaluación orientado a las funciones de mejora

En 2011, un panel de expertos convocado por la Organi­zación para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (ocde) llevó a cabo un estudio encargado por el Ministerio de Educación de Chile para “evaluar la evaluación”. En sus conclusiones, el reporte destaca como fortalezas contar con un marco de estándares para el desempeño docente y un sistema de evaluación alineado con ellos; la combinación de instrumentos y fuentes; la instalación de una cultura de evaluación entre los profesores, que aceptan el proceso y se interesan en recibir retroalimentación para mejorar su enseñanza; la importante participación que cabe a los do­centes en la evaluación; y la inclusión de una institución externa que ha contribuido a garantizar la calidad técnica y confianza pública en el proceso (Santiago et al., 2013).

Por otro lado, el reporte señala que la evaluación no ha logrado consolidarse como una herramienta de mejora y que muchos maestros la perciben como un instrumento más orientado a la rendición de cuentas (accountability) que a favorecer su mejor desempeño. Para esto último, indican los expertos, el programa debe promover con más fuerza el diálogo profesional alrededor de la evaluación y el uso de sus resultados para elaborar planes de desarrollo para todos los profesores y no sólo para aquellos con resultados más ba­jos, como establece la normativa. También recomiendan una mejor articulación con los procesos de mejora de las escue­las, potenciando especialmente el rol de los directivos.

En términos más amplios, el estudio sugiere introdu­cir un nuevo componente de evaluación, específicamente orientado a las funciones de mejora, que se desarrolle en forma completamente interna en cada escuela, siguiendo los estándares del Marco para la Buena Enseñanza y te­niendo como principal resultado la retroalimentación y la construcción de un plan de desarrollo profesional con cada maestro. Por esta vía, se contaría con dos sistemas de eva­luación distintos, complementarios y ojalá sinérgicos, para los propósitos sumativos y formativos. Al hacer esta reco­mendación, el panel de la ocde parece haberse pronuncia­do sobre la imposibilidad de conciliar ambos, al menos en el contexto de lo evaluado en Chile.

 

escrito en: MideUC Opina |